El lenguaje es cosa de locos. Han publicado la foto de una mujer de las mamas. Una de esas (30.000 sólo en España) a la que unos desaprensivos chorizos (como los del aceite de colza) implantaron silicona de mala calidad y hubo que operarla de nuevo (a la mujer víctima) media docena de veces para que el producto no se le pudriera o licuara dentro del cuerpo. Y ella se quejaba en público de que “le hubieran arrebatado la feminidad”. Yo me hice cruces. ¿Qué es eso de la feminidad? ¿Es algo que uno tiene y que le arrebatan? ¿Como un bolso o un cepillo del pelo? Por eso digo que hacen del lenguaje un galimatías. Uno no tiene feminidad, tiene si acaso un par de mamas, un par de glándulas mamarias que producen leche para alimentar al bebé. Se ha transformado algo concreto, de carne y hueso, las mamas, en una abstracción. Y por ahí va todo. Los seres humanos ya no lo somos, seres humanos con sus necesidades y naturaleza, una de las cuales es reproducirse llegado a la edad. No, lo han sustituído por amarse, sea eso lo que sea. Los seres humanos ahora se aman, no se reproducen, del mismo modo que tienen feminidad en lugar de mamas. Y pasa lo que pasa. Las famosas mamas, antes órganos de la reproducción, ahora se las ha convertido en feminidad, cosas que se tiene ahí para que otros las vean y las admiren, las alaben y finalmente las usen para satisfacer el rijo posible. Y claro está, cuanto más grandes, más éxito. Esta mujer no deplora el que ya no podrá amamantar a los hijos, si alguna vez los tiene, ni recobrar la salud de antes, cuando estaba entera; sólo siente que en el mercado de la atracción sexual su valor ha caído a los suelos. Y no se para a pensar que la posible pareja que la eligiera antes, cuando estaba siliconada, y la desprecia ahora, reducida a su naturaleza puramente animal, no era precisamente persona admirable y capaz de amar, a la esposa y los hijos, sino alguien que pela el plátano y tira la cáscara o chupa la naranja y tira la piel. Ya no te extraña que haya tanto divorcio e infelicidad, accidente de coche, cáncer de mama, suicidio y violencia de género. Se nos ha enloquecido.

