Historias de la gente

Son comentarios ocasionales acerca de lo que me llama la atención

El culebrón Urdangarin (continuación)

La honradez no se lleva, ha pasado de moda. Hoy se llama al honrado un nenaza, que no tiene lo que hay que tener, un meapilas o, lo último, un burgués. Hoy, él siente como que se queda atrás. Y antes loco con todos que cuerdo a solas -dijo algún clásico. Puede también que Urdangarin haya pensado, puesto que no me distingo por mis logros intelectuales o de otro tipo, me dedicaré a robar (por el momento sólo ha sido imputado) y hacer política, cosa al alcance de todos y que no exige un alto QI o nivel de inteligencia. Sea lo que sea acerca de los motivos que lo llevaron a adoptar esta “conducta poco ejemplar”, como con acierto ha dicho su suegro, Insisto en proponer que se lo castigue haciéndole estudiar Educación Ciudadana. Porque la EC no consiste, contra lo que muchos hemos llegado a entender, en aceptar se siente a nuestro lado en el pupitre del colegio un homosexual e incluso dar rienda suelta en nosotros a las posibles tendencias ocultas hacia prácticas tales. O en considerar la homosexualidad como la libre elección de una orientación sexual y no una aberración o dolencia, como se la cansideraba hace años. Consiste en cambio en hacer a los ciudadanos más responsables ante los demás. Llevarlos a entender, en las entrañas y no sólo de boquilla, que lo que uno hace afecta a todos, que los españoles somos una unidad (por no decir todos los que habitamos el mundo, animales y vegetales incluso) y no podemos ir por libre, pues la desgracia o infelicidad de todos depende de todos. Todos somos responsables de todos -dijo uno de los personajes de Dostoyewski. No podemos decir “Primero yo, y a los demás ¡qué les den! Como presuntamente ha dicho este yerno del Rey. Que pase pues por los bancos de la escuela y se eduque como buen ciudadano, pues como es bien sabido la bondad se aprende en el púlpito. Uno no es malo o tiene mala conducta por pura maldad, por haber nacido malo en la cuna, sino por ignorancia, porque no ha aprendido en la escuela a ser bueno. Porque no se lo ha educado como buen ciudadano. Porque aún no había la Educación Ciudadana. ¡Con lo fácil que es el ser bueno! Sólo hace falta atender a lo que los maestros enseñan, atender en las aulas, tomar apuntes y luego, si se riza el rizo, practicando en la calle lo aprendido. ¡Qué Urdangarín vaya pues a la escuela y apruebe, mejor si con nota! ¡He dicho!