Como muchos sabrán, Urdangarín es el yerno del Rey, de nuestro rey, el rey de todos los españoles; está casado con la infanta Cristina, la otra hija del Rey. Y se lo acusa, a Urdangarín, de haberse forrado a cuenta de los españoles, de haberse embolsado, así, por la cara, vendiendo influencias, dinero público a manta, dinero que, como se dice, es de todos los españoles, ya que procede de nuestros impuestos. Y no sólo se lo embolsó limpiamente, sino que aun maquinó cómo sacarlo de España a escondidas, para no tener que pagar, él, impuestos a Hacienda. En fin, todo un chanchullo. Hasta aquí, todo normal, puesto que viene siéndolo, normal, que los altos cargos de la Administración, que antes se llamaba Gobierno, muchos de ellos, lo imiten, es decir, se embolsen limpiamente los dineros públicos. A esto se lo llama corrupción y por lo que parece no hay para ella remedio, hasta tal punto que, uno de ellos, los que mandan, perdón, digo gobiernan, lo dijo bien claro, que la corrupción era cosa inevitable en las democracias; y como nosotros lo somos, democracia, así están las cosas. Bien, lo que más me sorprende de todo el asunto es que este hombre, que lo tenía todo, fama, dinero y buenas maneras, supongo, se haya metido a robar como un delincuente común. Se espera que roben la gente malencarada, la que no se afeita o se deja la barba de varios días y viste desaseada y hasta puede que no use desodorante o champú. Aparte de no vestir tampoco en el Corte Inglés o Armani. El yerno del Rey no encaja aquí. ¿Por qué, si lo tenía todo, o casi todo por lo que los demás suspiramos, hasta el estar casado con la realeza, se metió a vulgar chorizo? No lo comprendo. ¿Será eso que los escritores del siglo pasado llamaban ‘l’attraction de la boue‘, el encanto de los bajos fondos, los macarras y chulos, de los mafiosos del cine, del crimen de guante blanco, tan romántico él? La verdad, no lo sé. También Buñuel se refirió a algo de esto cuando habló del “encanto de la burguesía”. Hay como un aroma exquisito en la corrupción, como el faisán ‘faisandé‘ que prefiere el que se las da de ‘gourmand‘. Bien, llegados aquí y suponiendo que se lo juzgue y condene, al yerno del Rey, tras hallarlo culpable, sugiero se le aplique la pena siguiente, pues no es cosa de que se lo mezcle con gente adocenada e inculta que por menos de nada y de ser verdad lo que cuenta el cine te abre en canal con un cristal de ventana o un tenedor retorcido robado en un descuido de los celadores o te da por el saco una noche de luna llena cuando los perros aúllan. No, nada de cárcel hedionda de Carabanchel. La pena que cumple aplicarle es hacerle cursar los dos cursos de Educación Ciudadana, esa herramienta con la que el Gobierno anterior se propuso mejorar a la raza, tan díscola ella, tan desmandada, pues ya se sabe que no hay lugar mejor que las aulas para aprender la buena conducta. La gente es como es, mayormente mala, porque no ha recibido Educación Ciudadana, hoy, por fortuna, obligatoria para todo español. (Seguirá)

