Historias de la gente

Son comentarios ocasionales acerca de lo que me llama la atención

Las mujeres están locas

Las mujeres a la moderna están locas. (Y los hombres también, dicho sea de paso). Las mujeres tales como las quieren las nazi feministas, las feministas atroces, como las llamo yo. Aquí entiendo por estar locas (y locos) lo que Marx entendía por estar alienados. Para Marx, la clase dominante crea la conciencia del mundo que en esta sociedad nuestra tenemos, la idea que nos hacemos de él y conforme a la cual organizamos la vida. Esta clase crea la filosofía, la religión, la ley; la mentalidad, el pensamiento correcto; en una palabra, nos organiza la conciencia que tenemos del mundo. Nos deforma la naturaleza obligándola a adaptarse a las necesidades del sistema, un sistema de explotación cuyo objeto es producir bienes sirviéndose unos seres humanos (los dominantes) de otros (los dominados). Es un sistema económico que nos deforma la conciencia, nos aliena, nos extraña de nuestro verdadero ser, de nuestro ser más íntimo, y nos hace vivir vidas falsas que en nada tienen en cuenta nuestras necesidades más vitales. Esto es lo que Marx llamaba alienación y yo llamo locura. El ser humano alienado, al que se impide ser él mismo, está obligado a servir de máquina en vez de llevar una vida natural y auténtica. Pues bien, con miras a esa finalidad, producir bienes y a través de ellos obtener beneficios, la clase dominante nos ha convencido hasta el tuétano de toda esa extravagancia que mal llamamos amor. El amor de los dos de una pareja. Un amor que no es otra cosa que sexo, es decir, fornicación, es decir folleteo. La vida organizada como folleteo. Vivir para follar. La industria del sexo produce miles de millones de beneficio. Y todo es industria del sexo. Nuestra vida toda gira en torno del sexo. En la publicidad, en las canciones populares, en el cine y la tele, en las novelas y el teatro, en las revistas y videos porno…se exalta el sexo, se lo pone por las nubes; sexo, sexo y más sexo. Follar, follar y todavía follar. Entonces los dos de una pareja ya no se ven mutuamente como macho y hembra procreadores, sino como personajes del acto del (mal) amor. Esta mentalidad explica el auge de los homosexuales. Si la pareja es este amor puramente sexual, el sexo de los participantes no cuenta: tanto da que sea el mismo o que sea distinto. No así si la pareja es procreación. Por eso digo que las mujeres a la moderna están locas, alienadas. (Y los hombres con ellas). Porque ya no se quiere ser madre ni padre, se quiere en cambio tener vida sexual, es decir, buscar la (perversa) felicidad cambiando de consorte mediante el divorcio, nada de fundar un hogar y una familia; en lugar de ello, cambiar de pareja, cuando el amor, ese amor, se acaba, etc, etc. Las parejas se divorcian porque se aburren uno del otro y quieren sensaciones nuevas, follar con gente nueva, vivir aventuras románticas, etc. etc. Sexo en la niñez -en la tele y el cine los niños y las niñas de apenas 10 años coquetean como adolescentes ya hechos. Sexo en la vejez -en la tele y en la realidad de los periódicos se enamora en las residencias geriátricas la gente de la tercera edad, que pasea por el parque cogidita de la mano, como verdes adolescentes. El vivir tranformado en una orgía del sexo. El sexo hecho industria. La conciencia alienada. La visión falsa del mundo. Los individuos desconocen sus verdaderas necesidades humanas. Marx tenía razón. La clase dominante nos aliena, nos (de)forma la conciencia, y en consecuencia vivimos de espaldas a lo que de verdad necesitamos, a lo que de verdad somos.