Tu n’est rien, ton peuple est tout. Tú no eres nada, el pueblo, la nación, das Volk, lo es todo. (Adolf Hitler)
Fanatisme et superstition, c’est difficile de lacher prise. Del fanatismo y la superstición es difícil librarse. (De Hitlers Kinder, La jeunesse sous Hitler).
El viernes hablaba el diario El Pais del clima de crispación política actual y decía que se lo crea intencionadamente porque aumenta el número de votos. Pero este clima tiene el inconveniente de que alienta el fanatismo, las posiciones extremas. Y llegados a este punto, ya es muy difícil dar marcha atrás. ¿Quién se puede permitir el lujo en desgaste emocional de reconocer que ha vivido equivocado y ha sido un juguete en manos de otros? En una película italiana un mando fascista encomienda a un joven adepto entusiasta asesinar a un político contrario. Alguien presente le dice: ¿Te fías de él? Y el otro le responde: No te preocupes, le ha costado 30 años aprender lo que sabe (hemos necesitado 30 años para hacer de él lo que es, un discípulo fanático); necesitará otros 30 para deshacerse de ello.
El PP ha hecho de esta táctica de acoso y derribo una herramienta diaria. Juega con fuego. Lo malo es que estos juegos del poder los pagamos todos, los ciudadanos de a pie. La locura de Hitler la pagaron los 60 millones que murieron en la II Guerra Mundial. La locura de Fidel Castro, que en la crisis de los misiles declaró que los cubanos preferían morir en la guerra nuclear amenazante, antes que rendirse, la hubiera pagado la población ordinaria, que a lo mejor hubiera preferido seguir viviendo en lugar de morir como héroes numantinos.
Los gobernantes me dan miedo, son gente inmoral. Ponen por delante sus intereses partidistas y en su altar sacrifican a la población, nosotros, la gente ordinaria. Me da mucho miedo verme en manos de gente irresponsable, inmoral.

