José Luis Garci ha demostrado siempre un gusto por la nostalgia, la cinefilia incurable (sobre todo la americana) y por los clásicos españoles, algo siempre presente en su cine. En su primer largometraje nos muestra una historia de adulterio en los estertores del franquismo y antes de la llegada definitiva a nuestro país de la democracia. Todo con un tono a ratos muy pesimista, deudor de Ingmar Bergman, al que se alude al principio por “Secretos de un matrimonio”, pero adaptado al estilo español de la época. José Sacristán, que se liberaba poco a poco de los infumables filmes que ahora se reponen una vez y otra en “Cine de barrio”,encarna a José, un abogado laboralista “progre”,aunque con fachada de padre de familia ejemplar con un hijo, se encuentra con un antiguo amor de juventud, Elena (Fiorella Faltoyano), que como él, al pasar los años, conoció a otra persona, se casó y tuvo descendencia, en el caso de ella dos hijas. A escondidas de sus respectivos cónyuges (Silvia Tortosa y Simón Andreu), se escapan con pretextos a Miraflores de la Sierra, localidad a 40 kms. de Madrid en donde se conocieron, y empiezan una relación amorosa que acaba que ambos alquilan un apartamento para sus encuentros… La historia es mucho más que eso; retrata el desencanto de una generación en todo: en la política, en el amor, en lo social… que todo no es como creíamos los jóvenes de la época (yo entonces apenas tenía diez años) al ver las “maravillas”que veíamos a través del cine extranjero que llegaba aquí, en contraste con el gris de la dictadura franquista. Como Bergman, Garci muestra el aburrimiento del matrimonio, como el de Elena, fielmente mostrado en algunos primeros planos de aburrimiento mortal de Fiorella Faltoyano horas y horas en su enorme casa, cuando está sola, sin el marido y las hijas. También destaca como secundario Antonio Gamero como “Trotsky”,el fiel amigo de José y colega en su bufete de abogados, el típico “progre”de la época que tiene una casa que parece un museo del comunismo, con una enorme foto de Lenin en su dormitorio. Ternura y amargura en una interesante película, a la que le perjudica su estética “setentera”, como todo el cine de la época en toda Europa, pero si nos olvidamos de eso y vemos la habitual buena dirección de actores de Garci, sobre todo los dos protagonistas, tenemos aquí una ejemplar crónica de los españoles medios de entonces, no los franquistas ni los conservadores, sino los que esperaban tiempos mejores y de más libertad. El título de la película alude a la “asignatura pendiente”que les quedó a José y a Elena: acostarse juntos, algo que años atrás aun no podían.
ASIGNATURA PENDIENTE: * * * *


