Mañana será otro día.

Hoy es martes. Ayer fue lunes y mañana será otro día. Creo que miércoles. 

Pasado mañana será jueves, que es un día que siempre está en medio, como la gente en las aceras cuando tienes prisa. Todo el mundo tiene prisa hoy en día. Yo, de momento, no tengo prisa por acabar este post, pero no puedo asegurar que a mitad de texto cambie de opinión. 

Pasado el jueves llegará el viernes, que es el día de la diosa Venus, la diosa del Amor. Los viernes vienen muy bien para emborracharse. Si no tienes a nadie que te dé amor además de venir bien es inevitable. 

El sábado, que es el día que viene después del viernes, intentaré arreglar los estropicios que Su Malignidad me ha hecho en mi humilde casa. Y es que al jefe no le ha sentado muy bien que este pasado fin de semana me haya pasado al enemigo y haya sido padrino de una preciosidad de cuatro meses que te roba el corazón cada vez que te sonríe. Y lo ha pagado con mis cortinas y con mi espejo del baño. Sobre todo con el espejo. Al pobre me lo encontré tirado en el suelo roto en mil pedazos, y si no hubiese sido porque también me encontré tiradas las cortinas hubiese pensado que se había suicidado. Yo, si fuese mi espejo, lo haría. 

No creo que exista nada más peligroso que la rotura de un espejo en un baño. Miles y miles de pequeños cristalitos campan a sus anchas por los rincones más escondidos de mi baño; a la espera de que un pie descalzo se apoye sobre ellos. Y camparán durante semanas por mucho que friegue y barra el baño. Siempre quedará algún trocito rebelde que se escape a la operación “Salvad al soldado pie descalzo”. Son esos trocitos que no se pueden recoger ni con escoba ni con fregona ni con nada; sólo hay algo que los puede recoger: un pie descalzo. 

Deberían incluir las roturas de espejos en baños en los paquetes de deportes de riesgo. Puenting, vía ferrata, descenso de cañones, rafting y rotura de espejo de baño en el Pirineo Catalán por sólo 129.99 euros. Y de regalo una butifarra. 

Yo sólo tengo un espejo en casa, el del baño. No soy muy amigo de los espejos. Nunca me ha gustado lo que muestran. Antes no podía dormir en un dormitorio donde hubiese un espejo. Ahora es todo mucho más sencillo. Simplemente no puedo dormir. 

En Prison Break, la serie de la Sexta, al prota le toca como compañero de celda un loco que nunca duerme. Con este personaje pasa un poco como con el huevo y la  gallina. ¿Qué fue primero, la locura o el desvelo?. Nadie puede no dormir y seguir cuerdo; pero, por otro lado, ningún loco en su insano juicio perdería el tiempo durmiendo. 

Yo estoy empezando a enloquecer, pero por lo menos todavía soy consciente de que hoy es martes, de que ayer fue lunes, y de que mañana, gracias a Dios, será otro día. 

Creo que miércoles.