Esta madrugada, unos tipos “protectores de los animalitos” (Stan Sakai me odiará por esto) se han dedicado a abrir las jaulas de tres granjas de visones en La Coruña. Para que los visoncillos sean libres… para destruir todo el ecosistema de La Coruña. Ya tienen ustedes allí a Protección Civil, la Policía Municipal, voluntarios de todos los signos, correteando campo arriba, campo abajo, para atrapar a todos los bichos antes de que se monte un desastre natural que ni un vertido de chapapote, oiga. Porque claro, liberar una especie no autóctona agresiva para el ecosistema es la mejor forma de cuidar el medioambiente.
No es la primera vez. Algún listo liberó hace tiempo en Madrid un gran número de hembras de visón americano a punto de dar a luz. El visón americano es una especie intrusiva, que expulsaría de sus zonas a las nutrias autóctonas. Mucho más grande y resistente, y sin enemigos naturales, medraría hasta el punto de extinguir al resto de especies que tuvieran que competir con él, causando un desequilibrio en el ecosistema. El “ecologista” se las arregló para causar un desastre natural, y encima se sentiría orgulloso de haberlo hecho.
Y es que cuando alguien dice que es “ecologista”, es mejor alejarse rápidamente de él. Nunca verán ustedes a estos individuos que se asignan el mencionado motecito haciendo nidos para los pájaros o dejando cadáveres de reses en el campo para que los buitres tengan algo que comer. No los verán controlando poblaciones de animales ni hablando con los ganaderos que no quieren saber nada de tener lobos cerca. Sí los verán, en cambio, poniendo una cagarruta de lo que sea que fuera y anunciando que es “heces de lince” para impedir que construyan una carretera que evitará cientos de víctimas al año. Los verán manifestandose por árboles “talados” (que no lo están), y liberando especies invasivas que lo más probable es que causen la extinción de una especie autóctona.
Están para fastidiar al prójimo y al ecosistema, pero cuando realmente se necesita a alguien que de la patada en la puerta y diga, “¡quieto todo el mundo!”, son los primeros en quedarse a la chita callando. Y no esperen que ayuden si empieza a arder un bosque. Esos habrán salido corriendo antes de que le de tiempo a parpadear.
Así que, si quieren proteger el ecosistema, lo mejor es que mantengan a los ecologistas alejados del mismo, no la vayan a cagar, como siempre.


