Oriana Fallaci ha dejado de latir

 

Oriana  Fallaci ha dejado de latir

 

 

 

 

Temprano en la  mañana  como es habitual he escuchado la  radio y  me  encuentro con  la noticia del fallecimiento  de Oriana Fallaci  sólo se  limitaron a decir “amuerto Oriana  Fallaci” en forma   muy escueta, esperé un momento al lado de la radio para saber que decían  de ella. Nada  de  nada era de suponer sus  los  últimos  años  se  codeaba  con ideas fachas, pero no voy  a este  punto, no quiero  tocar  su cambio  tan  radical.  En  los  años  60  era  de  izquierda. Su carácter  se  lo  debe  a su  padre era un antifascista condenado a  muerte, quien escapó por un pelo del pelotón  de fusilamiento. El le enseñó a disparar con un fusil, pero Oriana no usaba arma usaba la palabra  y la escritura que es   mejor arma.

Durante un  tiempo  se la llamó la “Greta  Garbo de la prensa”.En 1972 quiso entrevistar al emperador  Haile  Selassie  de Etiopía, funcionarios  de la corte  objetaron  el que  portadora pantalones. “Dígale a Su majestad  que vendré en pantalones o  desnuda” les dijo Oriana Fallaci. Ella participó  en la resistencia  contra el dictador  Mussolini, hizo carrera en el periodismo cuando éste era   considerado un “oficio  de  hombres”. Y sobre todo le  gustaba  la guerra, la primera  línea  de  frente. “No soy ningún rambo  femenino con el  casco en la cabeza y el puñal  entre  los dientes” replicó una vez  Oriana. “Una entrevista  es para    una historia  de amor, una lucha, un coito…” dijo la periodista.

Mi cabeza empezó a dar  vueltas y a  preguntarme si Oriana  Fallaci  había leído mis dos cartas que le envié en febrero para que me  concediera una entrevista y hablar de su  novela. Solo quería que me  hablara de su novela  y  de  sus  libros. Ella  empezó  a escribir, una novela antes de  los atentados del 11-S, pero la interrumpió. Se comportaba como una  mujer  embarazada que sólo pensaba  en el feto que estaba en su vientre y en nada  más.  Le latía el corazón cada  vez que ella tecleaba. Le  seguí   las huellas  desde  el  fin  del  mundo  hasta llegar a la  otra orilla. Había leído sus primeros libros de  aquellos años nada tenían que ver con sus últimas  expresiones de rabia, como ella  misma definía. Un clásico del periodismo es “Entrevista  con la  historia”  sus grandes conversaciones  con  políticos y actores. Ella decía  en el  prólogo Si ellos  dicen “morid”, moriremos. Si dicen “vivid” viviremos, No consigo aceptarlo. No consigo prescindir de la idea de que nuestra  existencia  dependa de unos pocos, de  los hermosos  sueños  o  de los caprichos de unos pocos,  de la  iniciativa o de la  arbitrariedad  de unos poco. De esos  pocos  que,  a través  de las ideas, los  descubrimientos, las revoluciones, las guerras, tal vez  de un simple  gesto, el asesinato de un tirano, cambian  el curso  de  las  cosas y el  destino  de la  mayoría.   Otro de  los libro que  leí “Un hombre”, que contaba la vida de su  amigo y  pareja Alekos Panagoulis, en  los  70 opositor a  la dictadura  militar griega, quien, tras ser puesto en libertad de la cárcel murió  en un  accidente  automovilístico, pero fu asesinado por sicarios  del régimen de  los coroneles. El otro  libro “Carta a un niño  que  nunca  nació”, publicado en 1975, en medio del debate europeo  sobre el aborto, aquí hubo  chispa y controversia, pero ella ni se inmutaba.  Hay  que  reconocer que la modestia  nunca  fue precisamente una virtud para ella. Eso  lo tengo claro, pero  mi intención era entrevistarla  suena como una estupidez.  Trate de  hacerlo a  través de  tercera personas, ya que a  través de la  editorial que ha  publicado sus  últimas  libros  en Madrid no sabían  nada de ella. Llamé a mi otro yo, porque conoce gente del periódico il Manifesto italiano y probablemente  sabrían algo y como llegar a ella. Todavía recuerdo  cuando mi otro yo dijo que no  me  prometía  nada, pero que  lo intentaría. Lo primero que  le dijo la  persona que fue amigo y compañero de  partido de Oriana Fallaci a  mi   otro yo, es que ella era  una mujer odiosa y detestaba al  mundo y conceder, unaentrevista que ni lo sueñe. Seguí con el sueño de entrevistarla y estaba  entusiasmada, cuando  recibí el nombre de  la persona y su correo electrónica  es que no  lo  podía creer, también tenía la dirección de la editorial Rizzoli-Libri para enviarle una  carta a  la  atención de doña Oriana Fallaci. Las  dos cartas  las  envié  urgentemente, porque  sabía  que el tiempo jugaba  en contra. Pasaban  los días y  miraba  el buzón para  ver si  llegaba  alguna  respuesta. Nada de  nada quede  desencantada y resignada  a  olvidarme de la  entrevista y seguir con  mi vida habitual y dejar de  pensar en Oriana Fallaci. El tiempo transcurrió y apenada le dije  a mi  otro  yo que no  recibíarespuesta. Se  limito a decirme, ya  lo sabía.

La única respuesta que recibí fue  a través de la  radio “Oriana  Fallaci a  muerto”. Mis dos cartas  nunca supe si  llegaron  a sus  manos o si las leyó. No  lo sé. Con está incertidumbre me he quedado.  Mi otro yo se limito  a decirme que inventará, una entrevista a Oriana Fallaci con  preguntas y respuestas como  las que  nos daba en la universidad como  ejercicio con  personajes  como Charles  Baudelaire,  James Dean o  Cary Grant, etc…  Le dije que si, pero que el corazón de  Oriana Fallaci y su novela han dejado de latir y que ya  no era  lo  mismo…