Mujeres intrépidas con ansias de libertad en el desierto

Mujeres intrépidas con ansias de libertada en el desierto

 

Cristina Morató, periodista, fotógrafa y vicepresidenta de la Sociedad Geográfica Española.

 

 

 

Mujer intrépida  y aventurera, no es Indiana Jones en versión femenina en La última  cruzada o en Busca del arca perdida, protagonizada por el actor Harrison Ford, del  director Steven Spielberg. No, no, no… es nada menos que Cristina Morató viajera inquieta en busca de mujeres exploradoras que han existido desde los tiempos remotos, donde nos cuenta la apasionante vida de muchas de estas mujeres en sus tres libros titulados: Viajeras intrépidas y aventureras, Las Reinas de África y su  última conquista literaria Las Damas de Oriente: Grandes viajeras por los países árabes, donde mujeres  inducidas por la lectura de Las  mil y noches despertó en ellas las fascinación por un mundo de harenes, odaliscas, eunucos, caravanas y nómadas beduinos.

Su autora afirma que en sus tres libros hay  una evolución y que esmuy crítica.  “Miro  hacía atrás crítico el primero, el segundo libro le tengo cariño y dices me podría haber extendido más. Los libros son como hijos le vemos virtudes y defectos, entonces con Las Damas de Oriente no quería  repetir lo mismo de Las Reinas de África, entonces me pidieron  siete  biografías de 70 páginas aproximadamente para cada una de estas señoras, entonces  he tenido que dar un  paso que  me  ha costado  mucho, porque me he  metido en las  vidas de ellas. No solo en  los viajes, en su parte interior que pasa por sus cabezas, soledad, en esos matrimonios  frustrados que son historia de vidas humanas. Ese es  el paso que he dado”.

El libro Las Damas de Oriente relata  la vida siete  mujeres cautivadas por el  mundo árabe que dejaron  huellas  en Oriente Próximo:  lady Mary Montagu, esposa del embajador británico en Constantinopla , fue la primera en acceder al interior de  los harenes otomanos en 1716, y   describió aquel  mundo “nuevo y sensual” en unas cartas  que tras su publicación tuvieron una  gran influencia en los pintores orientalistas. El  francés Ingres nunca viajó  a Oriente ni pisó un harén, pero se inspiraría en las descripciones del hamman de lady Montagu para  crear las voluptuosas odaliscas de su cuadro más célebre, El baño turco. La curiosa lady Hester Stanhope, sobrina del primer ministro británico William Pitt, se convirtió en un personaje  legendario  al ser la  primera europea en entrar la  ciudad romana de Palmira, en el desierto sirio, al frente de una impresionante caravana de cincuenta camellos y un ejército de beduinos. En 1817 tras una vida de aventuras, lady Hester decidió vivir como una ermitaña en un antiguo convento de las  montañas del Líbano.

En el siglo XX, otras audaces mujeres exploradoras, arqueólogas  o espías aparecen en  escena en la  narración del  libro; como Lady Jane Digby, tras una intensa vida amorosa en Europa, llegaba a Damasco y sucumbía a los encantos de un noble jefe beduino de la tribu de los mezrab. Su matrimonio con Abdul Medjuel  escandalizó a la puritana sociedad victoriana, aunque ella encontró en este nómada árabe el  verdadero amor  de su vida.

La diplomática  inglesa Gertrude Bell aquel  año de 1914 ya era una exploradora  conocida y respetada en todo el Oriente Próximo, hablaba con fluidez el árabe, el turco y el persa, y era  considerada una de las  mejores especialistas en la compleja política de aquella zona del  mundo. Cuatro años después se convirtió en la  mujer más poderosa del Imperio Británico nombrada secretaria de Oriente señala el libro de Cristina Morató que era una moderna Condoleezza Rice la actual secretaria de Estado de EE.UU. que se movía a entre los  personajes más influyentes  de  la  política internacional.. En la  Conferencia de El Cairo en 1921, donde Winston Churchill reunió a los expertos en Oriente Próximo de todo el Imperio Británico para  decidir el futuro de Mesopotamia, Cisjordania y Palestina, Gertrude Bell fue  la única mujer entre los 40 altos  funcionarios invitados a la cumbre.

Bell ayuda a trazar las  fronteras del actual Irak asegurándose de incluir dentro de los  límites la providencia turca de Mosul, donde se  localizaban  las mayores  reservas  de petróleo. También apoyó los planes de T.E Lawrence para colocar al emir Faisal, hijo del jerife de La Meca en el trono del país. Ella le transmitió todos los conocimientos y el amor que sentía por Irak a Lawrence de Arabia.

Aunque la historia y más tarde la película Lawrence de Arabia, del director David Lean, consagraron al capitán inglés y  arqueólogo T.E Lawrence como un héroe romántico, su éxito en la rebelión árabe contra los turcos se debe en buena a  la información obtenida por  Gertrude Bell en sus expediciones sobre las tribus de la región del Hiyaz y el  gran desierto del Nefud. A ella nunca le interesó la fama, y cuando el rey Faisal ya no la necesitaba como consejera  política, regresó a  su  gran pasión de juventud: la arqueología.

El emir Faisal nombró Gertrude Bell directora del patrimonio Histórico y de la  Biblioteca de Salam en Bagdad. Dispuesta a recuperar el pasado de Irak, Gertrude logró reunir una colección de más de 3.000 objetos procedentes de las excavaciones de antiguas ciudades sumerias como Ur, una colección que más tarde formaría parte del Museo de Irak, saqueado durante la invasión estadounidense el 8 de abril de 2003.

La autora de Las damas de Oriente, Cristina Morató enfatiza que el problema de siempre es que el cine  nos crea héroes románticos. Lawrence lo entrevistó un  periodista, lo  fotografío y lo convirtió en mito y héroe romántico. Realmente quien le pasa a Lawrence de Arabia toda la información  para que el  lleve con éxito la hazaña y provoque  este  levantamiento de los árabes contra  los  turcos, es la señora Gertude Bell, aunque era  muy ambiciosa no quería publicidad. Con el tiempo sus jefes reconocen que Bell fue Lawrence de Arabia en  versión femenina.

Otra de las mujeres que sobresalen en el  libro es  Freya  Stark, durante  la  II  guerra   mundial, fue espía  y organizó una red de inteligencia para evitar que  los árabes apoyaran a Hitler. En febrero de 1940, Freya Strak  partió desde el puerto de Adén para  llevar a cabo su  misión  secreta en la ciudad de Sanaa, la actual capital del Yemen. En su equipaje llevaba un proyector y, escondidas entre la ropa, tres películas sobre la vida inglesa y el poderío militar británico. Se dedicó a organizar sesiones de cine para las esposas, las hijas y  las  princesas del harén, y en un perfecto árabe les explicaba las bondades de la vida en la campiña inglesa. Stark hablaba nueve idiomas entre ellos el árabe, y se defendía en turco, persa y  kurdo, viajó solo por todo el Oriente Próximo, desde Persia (Irán)  hasta Yemen. Escribió una treintena de libros de viajes y llegó a vivir 100 años.

La  escritora de novelas  policíacas Agatha Christie  también sintió la llamada de Oriente, donde inspiró  algunas  de sus obras  más conocidas, Asesinato en el Orient Express, Muerte en el Nilo, Intriga en Bagdad o Asesinato en Mesopotamia.

El libro Las damas de Oriente termina con las aventuras de Agatha Christie , Cristina Morató destaca la  fortaleza y la humildad de Agatha Christie, de la  mano de su esposo Arqueólogo Max Mallowan viaja a esos  yacimientos arqueológicos en  Irak y Siria, se adapta en la vida de  un yacimiento enseña a sus cocineros locales hacer suflé de vainilla, dentro de todo la fama el campamentos que  tenía el matrimonio  Mallowan  había  mucho sentido del  humor, relajo  y se comía  bien asegura, la autora.

Cristina Morató confiesa una anécdota entre risas de los asistentes lo que le ocurrió en su adolescencia “tenia un periquito  llamado quique, que se estrello contra un cristal, entonces una pluma la puse en  mi diario de vida y ese día muere Agatha Christie y en mi diario escribo a muerto mi ídolo”.

La autora  reitera que ha sido  un libro que le  ha costado  muchísimo  y que pasan dos cosas, cuando un  libro no vende, ¿por qué no vende?, y ¿cuándo  vende?, ¿por qué vende, entonces agradezco que  Las Reinas de África se  vendiera  mucho. “Pienso que no debes defraudar al  lector y que si a la gente le gusto tanto el otro. Dices tengo que  mantener el  nivel. Al final  no tienes que obsesionarte tienes que hacer libro que  a ti te gustaría leer. He realizado el libro que a mi me gustaría leer”, declara.