Neira y Cortés: una cosa es comprender su tragedia personal y otra…

En la habitual tendencia del famoseo en este país, y más por la vertiente trágica, hay dos personajes que se están convirtiendo en una especie de icono con influencia en la gente, es decir, que incluso pueden hacer que se imiten sus costumbres o gustos como robots. No sólo está la inefable Belén Esteban. Me refiero a Jesús Neira y Juan José Cortés.

El primero es famoso por haber intentado defender a una mujer apalizada por su pareja y que recibió una paliza de muerte de ese hombre, quedando en coma durante semanas y con secuelas de por vida ahora. El segundo por el salvaje asesinato de su hija pequeña. Pero ocurre que se han destapado con deseos y exigencias totalitarios, que en otro país europeo serían vistos como seres peligrosos o indeseables, ya que sus presuntos valores morales chocan frontalmente con la más avanzada sociedad europea, totalmente diferente a la que ellos defienden.

Veamos: Neira defiende una estrambótica sociedad en la que, entre otras ridiculeces, los partidos políticos que no comulguen con su idea cuadriculada de la misma deben de ser ilegalizados. Desde que salió del Hospital recibió elogios por su actitud caballeresca, pero luego ha ido degenerando hasta convertirse en un personaje peligroso para la honrada sociedad, quiero decir la que es tolerante, no es rencorosa ni envidiosa ni se cree Dios, como él. Y Cortés, ahora se erige en defensor de la justicia casi al estilo americano, aunque sin llegar a la exigencia de la instauración de la pena de muerte, algo inconcebible en Europa. Ha llegado a exigir la cadena perpetua. Para conseguir lo que se propone, entra en el PP, partido que presenta como el único capaz para hacer un Código Penal “adecuado”.

No hay que llegar a extremos que tanto daño han hecho, no sólo en este país sino en el mundo entero, y eso que no hemos llegado a ver gente al estilo Charles Bronson o Chuck Norris, es decir, que se tome la justicia por su mano y encima aparezcan como héroes. Fíjense que Neira ha llegado a decir que quiere sacarse un permiso de armas por sentirse amenazado y perseguido. Alguien tan visceral y extremista como él sería un peligro público con un arma en la mano. Lo peor es que la ultraderecha, me refiero a la mediática, la que sale en emisoras de televisión que ahora todo el Estado español puede ver ya por la TDT, le ha convertido en un icono y políticos como Ana Botella, esposa del “innombrable”, o del “petiso mal hecho” (como le define una amiga mía argentina), le presenta como “quien fomenta valores que hay que exaltar en una sociedad”.
Si fueran lo de defender a la gente maltratada, perfecto, pero si ahora sale como un extremista y un fanático, no es ejemplo para nada. Y Cortés… fanatismo religioso no demuestra, es representante de la Iglesia Evangélica, es decir, protestante, que ya sufrió la persecución de la Inquisición hace siglos, pero si sale ahora gente compitiendo a ver quien es más puritana o “decente”, no me sirve para nada. Para nada.

Y aun diré más: mi ex novia, que sufrió hace un año y medio la trágica muerte de su hijo adolescente, nunca aclarada del todo, quiere que se haga justicia y se aclare si él murió asesinado o no, pero no quiere odiar al posible asesino, ya que ello no le devolvería al hijo muerto, y el rencor no le gusta ni le sirve. Ella trabajaba en un Banco, no ha podido volver a trabajar desde entonces. Pero no va mandando a la cárcel a quienes no piensen como ella ni pedir penas de muerte. Este es un país civilizado, no el salvaje Oeste de las películas de John Wayne. Si con ejemplos como este la derecha quiere volver al poder… qué lejos queda la derecha civilizada de Winston Churchill, Konrad Adenauer o el general Charles De Gaulle.