Ya estamos inmersos en los días preelectorales. Los contendientes emplean todas las estrategias en su mano, no hay sitio para sutilezas. Los mensajes son directos como puñetazos, las ciudades y los medios de comunicación se ven inundados con las caras y las palabras de los candidatos repletos de promesas y de marketing, echando la casa por la ventana en un intento desesperado de conseguir el mayor número de votos posible.
Es lo que toca, ya estamos acostumbrados. No nos extraña ver semejante despliegue publicitario invadiendo cada espacio de la ciudad y de los medios de comunicación, pero ¿nos preguntamos lo que cuestan las campañas electorales y quién las paga?
Pongamos como ejemplo el presupuesto empleado por un partido como el P.S.O.E.:
Comité electoral: 900.000,00. Publicidad exterior: 2.700.000,00. Medios de comunicación: 2.100.000,00. Creatividad: 300.000,00. Producción (p. Exterior) : 800.000,00. Materal publicitario: 150.000,00. Actos públicos: 2.500.000,00. Encuestas y sondeos: 150.000,00. Federaciones: 2.650.000,00. Financiación campaña: 350.000,00.
En total se van a gastar 12.600.000 euros.
¡Casi 13 millones de euros sólo un partido político!
No he podido encontrar datos de otros partidos, lo cierto es que parece una información no precisamente transparente, pero sólo hay que tener un poquito de imaginación para entrever las cantidades finales resultantes de sumar los presupuestos del resto.
Para llegar a estas cifras, el dinero aportado por los militantes es sólo una cantidad exigua del total. Para tal efecto los dos partidos mayoritarios aprobaron por consenso (sí, sí, por consenso, en plena época de la crispación y el mal rollito) el artículo 2 de la Ley Orgánica 8/2007, de 4 de julio, que establece la financiación de los partidos mediante recursos privados y públicos.
¿Es justo que sean los mismos políticos los que decidan sus subidas salariales? ¿No sería más lógico que se ocupara un estamento externo y ajeno? Es como si cada uno en nuestro convenio tuviéramos la posibilidad de modificarlo a nuestro interés. ¿Podríamos ser ecuánimes en nuestras decisiones?
Esta ley dispone que cada partido cuenta con una serie de subvenciones a cargo del Estado (que somos todos los que cotizamos), de las que cobran por cada habitante, por cada envío publicitario, por cada elector reflejado en el censo y por cada voto emitido en las urnas, tanto para el Congreso como para el Senado.
Así se comprende el por qué de esa obsesión de los políticos por la movilización social para votar siempre, eso sí, con el consabido mensaje de “salud democrática”. “Si no votas, no tienes derecho a protestar” vienen a decirnos como argumento irrebatible. Falso. Se pueden tener motivos para votar, para abstenerse y para votar en blanco si a uno le viene en gana y si tiene fundamentos para respaldar su decisión. La forma en cómo nos descuentan una parte de nuestro sueldo en sufragar sus sueldos y sus campañas electorales multimillonarias es un buen motivo.
Esta entada del blog no es más que un resumen de varios excelentes artículos que recomiendo leer a todo aquel que tenga interés en el tema de la financiación de los partidos políticos:
http://paz-digital.org/new/content/view/6684/2/


