Respeto

Como en mi familia ya hemos tenido dos perros, soy de los que valoro mucho la presencia de estos bichos, vamos que me encantan. La primera perrita que tuvimos era una de esas mezclas estrambóticas de razas que da lugar a una adorable cosita llena de pelos y de babas. Mis dos hermanas y yo éramos unos críos, así que la teníamos como un juguete sin pensar en las consecuencias de nuestras trastadas con ella. Al final resultó una perra nerviosa y, en ciertos momentos, hasta agresiva.

Me encanta el programa “el encantador de perros”. Viendo al adiestrador desenvolverse con los canes me quedo hipnotizado frente a la pantalla. En menos de media hora los tiene sometidos a su disciplina sin necesidad de gritos o castigos. Su secreto parece consistir en aplicar la psicología canina, es decir, pensar y proceder como lo harían ellos. Según él, el perro no va a entendernos si te diriges a él desde el punto de vista de una persona, como lo haríamos con un niño, por ejemplo.

Si nuestra familia hubiera actuado así, probablemente nuestra perra no se hubiera comportado como si fuera la jefa de la manada. Le habríamos hecho ver que ella era la última y que los que mandábamos éramos nosotros. Nos hubiéramos ahorrado más de un mordisco y aquellas traumáticas despedidas de casa repletas de ladridos.

A veces pienso que con algunas personas es lo mismo. Según con quien te topes en la vida, la buena educación no es suficiente y es necesario enseñar los dientes para conseguir su respeto. Un secreto con este tipo de personas creo consiste en hacer lo que el encantador de perros, o sea utilizar una forma de pensar más “animal”, poniéndote en su lugar y calibrando el mensaje que ellos mejor van a entender, apartando cualquier razonamiento lógico.

Como este tipo de gente sólo comprenden el idioma de los ladridos, hay que demostrarles que gritas tanto o más fuerte que ellos. Si eludes el enfrentamiento, te tildarán de débil. Es mejor mirarles directamente a los ojos y hacerles ver que estás a su altura.

Hay que marcar el territorio. En muchas ocasiones querrán traspasar nuestro espacio sin permiso. Es entonces cuando debemos dejar clara nuestra postura y delimitar nuestra zona. Los perros lo hacen con su orina. Evidentemente, no hay que llegar a esos extremos, pero sí comprender el significado de ese acto. Si no lo hacemos adecuadamente, perderemos esa parcela y luego recuperarla será más complicado.

Los animales se mueven en grupos por lo que una buena forma de adquirir más fuerza es formar parte de alguno. Cuanto más fuerte y más cohesionado sea, más respeto conseguiremos. También es importante para este tipo de personas el rol adquirido y los logros conseguidos, como una buena forma de demostrar al resto de la manada que tenemos una valía. Hay que hacer recordar la posición adquirida a los nuevos miembros.

En los trabajos, por ejemplo, o en cualquier grupo unido por un carácter competitivo, se puede vislumbrar estos comportamientos. Todavía mantenemos una parte animal dentro de nosotros que rige muchos actos de nuestra vida personal y social. Los perros nos pueden mostrar y enseñar mucho más de lo que pensamos sobre nosotros mismos.

Por cierto, como dice Fito y los Fitipaldis:

Tengo un trato para ti

Yo te doy comida y techo

Si me enseñas a vivir

Como vive un perro viejo.