El Ministerio de la Familia

Como el partido popular ha “fichado” a Manuel Pizarro (mecachis, ahora que por fin me había creído que Solbes lo había hecho fatal, parece que el PP necesita contrarrestar al ministro de Economía…) resulta plausible pensar que gracias a Dios vamos a tener un gobierno serio, respetable y de derechas como merecemos los españoles.

Se me entienda la ironía, por favor.

Bueno, si eso sucede, y al final tenemos a Rajoy de presidente, dispondremos según sus palabras de un nuevo ministerio al que pedir ayudas, subvenciones y derramar nuestras lagrimitas de humildes personillas: el Ministerio de la Familia y Bienestar Social, que más suena a las andanzas del pobre Josef K en El Proceso de Kafka que a una posible realidad actual. Igual sólo es cuestión de acostumbrarse, como ya han hecho Alemania, Italia y Reino Unido.

Esta idea del ministerio viene al socaire de las últimas manifestaciones por parte del foro de la familia protestando por la ley del aborto, la Educación para la Ciudadanía o el matrimonio de los homosexuales, de las que parece deducirse que sólo la derecha tiene el patrimonio de la familia como si los de izquierdas fueran unos descastados perpetradores de algún tipo de confabulación en contra de tan noble institución.

Es cierto que el concepto de la familia tradicional como antaño se entendía hace ya tiempo que ha pasado a la historia. Aquellas multitudinarias reuniones entre tíos, primos, hermanos, cuñados, nueras, consuegros, yernos, padres, hijos, sobrinos, nietos y abuelos ya casi sólo se hacen en los pueblos y en navidades. Aquella generación de parejas con más de dos y de tres hijos no se ha vuelto a repetir. Aquel respeto por nuestros mayores ha desaparecido en la memoria.

Y es triste, sí, que aquel tiempo en el que el valor humano primaba haya sido sustituido por el egoísmo y la comodidad. Ahora lo que prima es el olvido entre todo lo que no sean nexos carnales de primer grado; las parejas que se deciden a ser padres cercanos a los cuarenta, con la idea de tener un hijo o dos a lo sumo; las denuncias al juez de los más jóvenes contra sus educadores y para los abuelos, una residencia bien lejos que facilite una buena excusa para ir a verles lo menos posible.

¿Y la causa son los valores de la izquierda? Yo creo que no. La izquierda poco o nada tiene que ver con la desunión entre las familias. Culparles está muy bien como medida electoralista, así se abren necesarias brechas que con el mero sentido común no existirían. ¿O es que es la izquierda la única que se beneficia de la ley del aborto y del divorcio porque la han implantado ellos? ¿O es que los matrimonios homosexuales no son una forma evolutiva del concepto de familia? ¿O es que la Educación para la Ciudadanía pretende en algún momento menoscabar en la importancia del núcleo familiar?

Si queremos saber cuál es la causa de la crisis de la familia tradicional, que es por la que la derecha aboga, a lo mejor sería más provechoso buscar en el modelo actual de sociedad consumista al que nos vemos abocados. La inestabilidad en el mundo de la pareja quizás venga del ansia por la novedad que traspasa el mundo de los objetos de consumo; el abandono de nuestros padres y abuelos puede que sea causa del individualimo que lo impregna todo; la dejadez a la hora de tener niños a lo mejor proviene de la necesidad de mantener el status social y la comodidad; la necesidad de que algunas mujeres quieran abortar puede ser la consecuencia de la inmadurez a la hora de tener relaciones sexuales, inmadurez generalizada sólo con encender la televisión y ver los modelos de éxito que nos colocan.

Si queremos buscar culpable mejor sentemos al sistema capitalista en el banquillo de los acusados.