
Tíos Gilitos
Cuando me entero de las fortunas multimillonarias de algunas personas, me pregunto dónde está el límite que demarca el bienestar y la avaricia. Es verdad que teniendo la inmensa suerte de vivir en la mejor época y en uno de los mejores lugares de la historia de la humanidad, todos somos un poco ricos y personalmente creo que de alguna forma nos traicionaríamos a nosotros mismos si no aprovecháramos las ventajas que nuestra sociedad nos ofrece, así que puede que ese límite provenga de meros criterios personales.
Según cada cual, esa frontera puede ser simplemente un techo más o menos digno en el que no se pase frío en estos días de invierno, tres platos de comida al día, un adecuado servicio de Seguridad Social que cuide nuestra salud y una ciudad acogedora en la que sentirse a gusto. Ese límite se puede ampliar y aspirar a un vehículo, unas vacaciones anuales, un piso más grande con aire acondicionado o un mayor vestuario en el armario. Y aún podría ser mayor si quisiéramos un coche más potente, un chalé en la ciudad y un apartamento en la playa, todos los pequeños caprichos anunciados en la tele; una vida, en definitiva, no exenta de aderezos con los que salpimentar cada minuto.
Lo que resulta inconcebible es cuando aún nos sigue sobrando el dinero y gastar se vuelve algo difícil; en el momento en el que ya se posee el mejor coche, la casa soñada, el desahogo de tus seres queridos, la tranquilidad de los mejores médicos, la libertad de gastar en juego, drogas o vicio sin pensar en la carestía futura… y ni siquiera cayéndose el dinero de entre las manos, se es consciente de las necesidades ajenas y sólo se piensa en cómo seguir buscando novedades en las que gastar el dinero ¿Dónde se queda la conciencia en personas así? ¿En pequeños actos humanitarios, por ejemplo? ¿En excusas auto exculpatorias?
Si hablamos de según qué cifras, casi nos entra el mareo. Según la revista Forbes, en nuestro país, las personas más acaudaladas son Esther Koplowitz, con una fortuna personal de 3,4 billones de dólares, Rafael del Pino con 6,5 y Amancio Ortega con casi 15, cantidades que todavía son pequeñas si las comparamos con los 30 billones de Carlos Slim Helu, los 42 de Warren Buffett o los 50 de Bill Gates. ¿De verdad pueden dormir tranquilos con tanta pasta o simplemente se bañan cada noche en una piscina de monedas de oro como el tío Gilito?


