“Es el inicio del inicio”

Palabra de Dios. Perdón, de Soraya.
Habría que decretar confesión general, para estar preparados cuando llegue el
auto fe.
Aquí, don Mariano, con qué diligencia lleva a cabo lo de que las ‘promesas’
electorales no son para cumplirlas, dicho por un cínico, han adquirido valor de
ley y no hay político que no lo practique; quienes tendrían que aprenderlo y no
olvidarlo serían los ciudadanos, para premiar con cero votos en las siguientes
elecciones a quien vaya por ese camino. De complemento están las palabras
jugadas de manera que esconden la realidad contraria de lo que se leen en
ellas.
Las matemáticas, queridos míos, no se avienen a los apaños. Proclaman: a
los funcionarios no se les va a rebajar el sueldo. Muy bien. Acuerdan la
congelación de sus salarios, y ahí está el truco, porque, con esa cantidad
idéntica a la del año anterior, pueden comprar menos, su capacidad económica
pega un bajón, puesto que sube el precio de los productos (alimentación,
vestido, limpieza, combustibles) y servicios (alquiler de la vivienda,
hipoteca, transporte). Para que no holgazaneen tanto se le aumenta la jornada;
¿hay o no rebaja de salario, o del precio de la hora? Y de premio de consolación,
tampoco van a aportar los dineros (aunque sea calderilla por cabeza) para el
plan de pensiones común.
No iba a subir los impuestos, dicho, remachado, jurado; pero para no
andar con tonterías, en el primer consejo de ministros (aunque sea el segundo,
el anterior fue teórico, de constitución), tacatá, arriba el IRPF (Impuesto
sobre el Rendimiento de las Personas Físicas) y IBI (Impuesto sobre las Bienes
Inmuebles). Lo cabreante de Rajoy es la tozudez en lo imposible; sin embargo,
también puede ser que no engañase, convencido de que la lámpara de Aladino
encierra fortuna; señor tan gallego ha de creer en la brujas. Subir los
impuestos es neutro, por supuesto que necesario, si bien la cuestión está en el
cuerpo sufridor. Se ha dicho, para cabrones los casados, o lo que es lo mismo,
a por los de nómina, la carne de cañón en permanente oferta, si estos están
controlados, para qué disgustar a los de las grandes fortunas.
El Partido Popular, por sus hechos, en vez de ser el de la clase media,
la utiliza, mientras mima a los ricos y a la banca. A los primeros, se les
tiene entre algodones; de mamporreros con los empresarios; IVA reducido y
desgravaciones para que las entidades financieras suelten lastre de viviendas.
El canon digital, pagado por quienes comprábamos discos destinados a
archivar materias diferentes, lo va a pagar hasta el tío Anselmo, firmante de
tampón y dedo, que malsegana la vida alimentando unas cabras en el prado. A la
vez, se echa el tablacho, y que la gente haga cola, o calceta, porque, de
principio [esta aseveración es mía; a ver quién comete la temeridad de darles
crédito), en un año no se admiten más dependientes (enfermos y familias
necesitados de ayuda, que se las apañen como puedan; que se la ingenien, los
muy gorrones).
Lo de la herencia recibida, un clásico tal que el ‘érase una vez’ de los
cuentos. No sirve para justificar nada, la muletilla está para jubilarla.
Conocían perfectamente la situación económica en la que estamos.
Si esa es la fruta, la manzana está preñada de veneno; será sí el “inicio”,
pero de la continuación del estropicio.

 

2-3.1.2012