Pesetas a euro

De Edison, cuando se le ocurrió lo del
fonógrafo, el abuelo del disco compacto, dejaban caer: ¡Ya está el Tomás con
sus inventos! De supuestos locos han sido las piernas que han mantenido a la
Humanidad en movimiento, desde la caverna acá.
“España debe emitir europesetas”, título curioso de un artículo que
ocupa toda la página [La opinión de Murcia, 29.11.2011; 37], el firmante es
Juan José R. Calaza, economista y matemático; no sé si se ha elaborado para este
periódico o procede de agencia. Su teoría consiste en que convivan dos monedas,
la oficial, el euro, con otra doméstica circunscrita al territorio español, que
estaría bien que se denominase, salvo encontrar un nombre más efectivo, lo que
sería difícil, ‘europeseta’, porque esta tendría el mismo valor que el euro.
El trabajo, que puede frenarle a uno al echarle una mirada a la
extensión, está documentado, el análisis es para entenderlo y no provoca
bostezos. Si un experto le pone pegas, allá él, la explicación tendría que ser
tan eficaz como el planteamiento teórico. Yo lo entiendo y lo comparto, tanto
como que sólo en el terreno del milagro se materializaría, habida cuenta de en
qué manos –políticos y usureros- han caído nuestros cuellos.
El problema básico de la economía española es que carece de dinero en
cantidad suficiente para cubrir sus necesidades, eso le lleva a pedir prestado,
y la financiación la obtiene en el extranjero, con intereses abusivos, los que
llevan a dificultar todavía más la salida del agujero en el que nos han hecho
caer. Esta enfermedad de aliviaría con la medicina.
El euro, mientras dure la situación (años), sería utilizado en la relaciones
con los otros países; la nueva peseta tendría la exclusiva en el interior, a
los españoles nos daría lo mismo, quedaríamos a la par, con la ventaja de que,
emitida por el Banco de España, no habría que darle a nadie cuentas de ella. Reducir
las subastas para captar euros, conlleva pagar menos intereses y como
consecuencia reducir el déficit.
Nuestra moneda oficial continuaría siendo el euro, pero con una
doméstica, privada, amoldada a las necesidades de España. Claro que tampoco se está
inventado nada, sino aplicar lo que se ha venido haciendo desde siglos.