La última bofetada al judío que está crucificado encima de la pizarra

En el Jerusalén de Poncio Pilatos ya le flagelaron, le escupieron y le humillaron. Las autoridades dé la época, tanto religiosas como c¡viles, tenían claro que eso de ayudar a los demás, compartir y perdonar podía traerles problemas. Tal vez porque su conducta humilde y sincera suponía una bofetada moral a todos los hipócritas que detentaban el poder en aquella época.

El mensaje que traía ese judío, llamado Jesús de Nazaret, que dio origen al cristianismo, era absolutamente revolucionario. Tanto que logró transformar toda una civilización y contribuir a la caída del más decadente imperio romano.

La herencia de ese personaje histórico ha pervivido a lo largo de siglos y tiene su manifestación palpable en los principales valores de la cultura occidental. Desde el respeto a la vida, la dignidad de cada persona y la caridad que durante siglos llevó a fundar hospitales, universidades y escuelas y que ahora se mantiene en multitud de ONG’s de raíz cristiana.

Es cierto que ha habido quienes han manipulado la cruz o se han escondido tras ella para cometer todo tipo de atropellos. Pero justificar en estos excesos la retirada de un símbolo que entraña los principios de nuestra sociedad es como prohibir el cuchillo de cocina porque cientos de criminales lo han empuñado para sus asesinatos. Es un uso retorcido de un buen instrumento.

La ofensiva para retirar los crucifijos de las escuelas es la última bofetada a ese judío. ¿A quién le interesa retirar un modelo así de las aulas?

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La imagen superior es de un cruceiro de Melide (Coruña), en el Camino de Santiago. Una joya del románico. Por cierto, quien esté interesado en conocer la riqueza del románico, hay una web de la Fundación Santa María la Real que es excepcional. Se llama Románico del Norte.