No ha podido ser mayor, ni más claro el clamor popular acerca del papel de Zapatero y acerca de su credibilidad. El revés que los ciudadanos le han dado, ha sido morrocotudo; a, él, a sus políticas, a sus convinientes de grupo, a su equipo, a su ideario y a su “hoja de ruta”, un revés y un mensaje, enviado vía urna, en clave de: ¡hasta aquí!… Claro, que esto a Zapatero, como que se la trae al pairo, “a él lo van a echar cuatro inconsecuentes”, “faltaría más”, con lo bien que lo está haciendo siendo congruente con su “ideario y su ideología”, vamos, como que no, que esto es una rabieta de fin de semana que en cuanto pasen tres días está olvidao y sus “incondicionales votantes” están otra vez con él. Por eso, en el Congreso, se siente inspirado frente al Diputado Ridao y le contesta con una de esas imbecilidades fuera de tría que lo caracterizan, a Zapatero, claro, no a Ridao. De otra guisa, Rubalcaba, que no “acaba”, sigue zafando su “faisán” y tirando de insustancialidad para evadir sombras en su “endiosado” camino sabe “dios” hacia dónde…; porque lo que está claro, es que sus acompañantes de equipo no pierden ripio ni ocasión para “inciensarlo” hacia la “cúpula”, a lo mejor en nostalgia de lo que se esfuma a toda máquina… Ahora, están, los del gobierno, más que los de filas, barruntando en primarias, ¿no es esto vergonzoso, con los cinco millones de parados que se han gestado en la inacción y en la insolvencia de su gestión; y, llamativo cuando a lo que debieran estar es a tirar de sentido común y quitarse del medio, dando voz a quienes les han quitado la confianza que son al fin y a la postre quienes, por su nefasta gestión, están pasándolas canutas, es decir, los ciudadanos, que por ende, en clave de hartazgo, le han dejado claro que su mensaje está caducado y que su credibilidad está abolida, habiendo sido certificada la desconfianza y hartazgo en urnas, en clave de voto general. Estar a seguir entreteniendo con martingalas de corte burdo a una sociedad sedienta de soluciones, sin dar un palo al agua en cuestiones de gobierno, amparándose en la descalificación permanente a sus oponentes políticos, y en buscar aritméticas que suavicen los varapalos municipales y autonómicos sufridos en las urnas, es como que clama al cielo, cuando toda vez que, ya, de talante no queda nada, no es que lo hubo nunca; pues, lo ético, lo moral, lo cívico, lo inteligente, lo racional, lo correcto, es disolver cámaras y convocar elecciones generales y dejar de jugar a retar a la oposición con que propongan o dejen de proponer mociones de censura, toda vez que tal cuestión es de inviabilidad parlamentaria, y tal acción no sería ni serviría sino para enredar y retardar la necesidad de remonte que tiene este país para salir de la cola del paro europeo, cosa que debiera y debe avergonzar. Primarias, congreso o verbena, ¿qué le importa eso a los cinco millones de parados de este país?, ¡sinceramente, tres pepinos!, para dedicarse a jugar a tales lances, lo primero, por decencia torera, sería convocar elecciones y dejarse de autoritarismos y perfiles dictatoriales. Perdida la credibilidad de un país, un gobernante debe retirarse y si molesta tener que hacerlo una vez más y una vez más sin concluir el mandato, pues esas son las cosas que acontecen cuando no se sabe ni a donde se va, ni con qué equipaje hay que hacerlo.

