Las verdades del barquero.
La política es pura guerra de poder, ¿o, no?. No encierra; tal y como está gestionada y entendida; ni defensa de intereses ciudadanos, ni defensa de valores sociales y de convivencia, ni vigilancia sana sobre los estados de derecho. Es, la política, un escenario y un caldo de cultivo de intereses particulares, tendentes, exclusivamente, a la justificación de un servicio, que, lejos -por quienes administran la “confianza” ciudadana- de tener espíritu de custodia del entendimiento entre gentes, culturas, equilibrio económico, estabilidad del bienestar ciudadano, defensa de las libertades, vivero de progreso, foro de expresión democrático; lejos, muy lejos, de estas premisas, es un comedero y un bebedero de soberbias, inquinas entre partidos, apósito de gangrenas partidistas, lanzadera de injusticias preconizadas por las armas que propicia el poder de turno de los gobernantes. Es, la tristeza, en suma, del más flaco favor que, contra lo que debería ser, se le hace al espíritu serio y racional de la democracia, punto de inflexión y punto de referencia de todo horizonte que pretenda el equilibrio de sociedades avanzadas y tendentes al entendimiento entre sus gentes y al pleno desarrollo de los valores humanos y sociales.
Mucho tienen que cambiar las cosas y mucho tiene que cambiar el comportamiento de quienes gobiernan para que las sociedades pierdan la inercia de la tendecia al abuso bajo el paraguas del poder, pierdan la costumbre del todo vale con el osceno parapeto del poder y disfracen cinismos y corruptelas indecentes, impropias y repugnantes, con voz de charlatán, sin ofrecer ni vender cosa alguna que sea de provecho de quienes desde la confianza en que las sociedades han de regirse por sistemas democráticos y éticos de gobierno, ven como es banalidad absoluta y menosprecio a su confianza en quienes ofrecen servicio a costa de abuso e incompetencia.
¿Qué es la politica, pues…?, ¿para qué vale la política?…
O, quizás, haya que plantearse la pregunta de esta otra manera: ¿saben los políticos, ser políticos?

