Antes de la ley antitabaco, fumadores y no fumadores cohabitaban en armonía en bares, restaurantes, locales y espacios públicos sin ningún tipo de entrerriña, los no fumadores que no querían , como dicen ellos, fumar lo de otros, elegían entre mezclarse con estos o ir a otro lugar “libre de humos”, todo, empero, en el más absoluto orden y en la más absoluta normalidad de convivencia. Aquellas personas que siendo no fumadoras, accedían a un lugar donde había personas fumadoras, si cohabitaban con estas era por pura libertad de elección, y, en consecuencia, no abandonaban el lugar, gozando de toda libertad para hacerlo. Así que, pues, ejercían el derecho a su libertad de estancia o permanencia, de entrada o de salida, de relación y cohabitación social sin ningún tipo de obligación, restricción, ni limitación de ejercicio de sus libertades. Quien quería alternar socialmente en lugares de humo, lo hacía por libre elección. A ninguna persona se le veto el paso a lugares de fumadores, y a ninguna persona se le obligó a abandonar ningún lugar de fumadores. ¿Cual es la necesidad pues de organizar tan estúpido follón con la innecesaria ley del tabaco?
Y, no son ni tópicos ni típicos los argumentos que se esgrimen desde la entrada en vigor de tan banal ley, no lo son, porque caen por su propio sentido común, si primero se obligó a adecuar los locales para diferenciar zonas de fumadores y de no fumadores, y en muy breve espacio de tiempo, se amplían puntos de venta del producto, al tiempo que se veta fumar en esos obligados a reformar espacios, algo hace de la contradicción semblanza de estupidez. Y ello, sin típicos tópicos.
Los recursos de que es costoso el cáncer del tabaco, son la tapadera de la justificación de lo injustificable, y el juego de la demagogia para lavar la conciencia del “justificador”, es decir, otro tópico, típico…
¿Qué, pues, pasa aquí?, al gato hay que entretenerlo con la sardina para que los ratones campen a sus anchas por palacio, así pues, mientras el ciudadano se enzarza en los humos, el gobernante levanta lodazales de incompetencia sin ser visto, al menos, eso cree él. ¡Valiente ingenuidad, con la sementera de mentiras y despropósitos que lleva a sus costillas…!
La ley antitabaco, se hizo, se promulgó, se puso en marcha y de esa cuita, lo que ni está claro, ni convence a propios ni ajenos, es si es necesaria o si por el contrario es un tijeretazo, más bien esto último, en el derecho a derechos y libertades, y todo sin saber con qué fin, ni para qué; bueno, …mejor si.
Pero, mientras esta absurda polémica entretiene al ciudadano mortal, España retrocede en su recesión económica, sube el número de desempleados, hay menos jóvenes que nunca trabajando, y se enfrentan cada día a negras perspectivas de encontrar un empleo estable, la vida cada vez más dura, más familias al borde de la bancarrota, “destrucción” de negocios a tutiplen, y mientras, los “prohibidores” de todo se afanan en prohibir las cosas más insustanciales. Así que, seguiremos con aquello de: ¡Y dale con que la abuela fuma!…
¡Por mal camino, va la burra!

