PLUMA DE GANSO

“Quien vuelve sobre sus pisadas, no cambia de dirección, sino de sentido” (Delfín Marco)

Cuando una huelga puede perder su legitimidad.

Alrededor de esa huelga a la carta que no se hizo cuando debía haberse hecho y que ahora quiere aparentar “dura” protesta. Alrededor de esa huelga -con la que es obvio no todo el mundo comulga- independientemente de quesea necesaria, o no; oportuna, o no; carente de credibilidad, o no; parece; se insiste; parece; pulular cierto ambiente de posibles salidas de tono y de nota tendentes a avasallar y coartar derechos y libertades ciudadanas, cosa de la que este tipo de movilizaciones nunca, por desgracia, están exentas; pero que va siendo hora, y hoy más que nunca, que se erradiquen por el bien de las libertades. Pongamos por caso que el día fijado, el 29 de septiembre, un sólo miembro de un piquete tiene la gran ocurrencia de privar del uso de su libertad de acceso al trabajo y ejercerlo, a un trabajador no “confeso” con la citada convocatoria sindical; insisto, pongamos por caso que ese trabajador es obligado o intimidado, por ese miembro de piquete, a abandonar su intención y derecho a acceder a su lugar de trabajo y trabajar, si tal circunstancia se diera, con que sólo sea una, con que sólo sea un caso, el sindicato al que pertenezca ese insultante y cobarde -toda vez que esos individuos se ocultan en la “masa”- miembro de piquete, debería ser puesto a disposición judicial de inmediato, así como el cabeza de esa organización sindical a la que el susodicho miembro pertenezca, toda vez que el delito cometido es contra un derecho muy serio de los ciudadanos, el derecho a su libertad. Dicho esto, es de esperar y sería deseable que esas bravuconadas -no exentas de cobardía-, indeseables, obscenas e irracionales, que con gran frecuencia se producen y tienen lugar en concentraciones o manifestaciones como la convocada para el 29 próximo, es de esperar que no se produzcan, toda vez que ello evidenciaría abuso de poder y cuando menos totalitarismo al más puro estilo dictatorial. Dicho lo cual, cabe también, por qué no, darle pábulo a una perplejidad ciudadana, ¿cuándo se ha visto que se pacte el curso de una huelga con el gobierno al que, supuestamente se le hace la huelga?, también los servicios mínimos son una coacción a la libertad; inaudito, insólito, apabullante…

Pues, eso, que a la huelga vaya quien quiera y a quien le salga de los cataplines; pero que se respete con exquisito respeto -valga la redundancia- el derecho y la libertad de quienes quieran ir a su puesto de trabajo y ejercerlo, de quienes no quieran hacer huelga, de quienes quieran trabajar; y, que los piquetes informen con la educación y el respeto que exige una democracia, y con el respeto y educación que requiere cualquier ciudadano de un país democrático, y si los mandatarios sindicales atisbaran que puede producirse cualquiera de los incidentes indeseados, ya pueden -por obligación y por responsabilidad- dar las normas de comportamiento pertinentes; antes de; a sus “ayudantes de calle”, para que no se vulneren los derechos y las libertades de nadie; en caso contrario, la legitimidad sindical debería, seriamente, ser puesta en tela de juicio.