Entre “igualdad”, sólo de cacareo, porque de igualdad poca; entre aborto, sólo consensuado con “medio país”, no con el otro medio y pico; entre cuatro millones y casi medio de parados, y cero patatero del pleno empleo; entre memorias históricas y otras evidencias de resentimientos innecesarios y sin sentido; entre “coches eléctricos y tíos vivos”; entre días “d” y días de nada; entre cheques de 500€, y, otrora de 400€ , ahora si…, ahora no…; entre mentir y no cumplir, “rezar” con Obama, y “consentir…” a Chavez; entre Alakranas, Afganistán, secar la “hucha” y crisis negadas, no hay más remedio que decir: ¿qué hay de la crisis?, por no decir, ¿qué hay, Zapatero, de lo vendido en aquellos mítines al albor de la mentida crisis?. Por otros lares, el colchón sindical, fiel aliado de tan desastrosa gestión de gobierno, hace ruidos por los cuatro costados, queriéndolo arreglar cara a la galería, con voces afónicas, sin tan siquiera disimular la puesta en escena…; el amparo de la credibilidad que aparentemente tuvo el gobierno al uso, en la legislatura de 2004 a 2008, ha dado en quiebra, o a lo mejor no lo hubo y fue sólo un espejismo emocional arropado en la consternación de un muy desagradable suceso -difícil de borrar de nuestras mentes-, cuyo eco de conmoción, quizás acompasado con otros “ruidos” de impronta oportunista, por qué no, pudo propiciar una llegada inesperada al “poder” -no por ello se pierden ni se quitan legitimidades, que evidentemente son de derecho-; y por qué no, a lo mejor, esa es la clave (al no tener “un manual” de instrucciones jerarquizado o una hoja de ruta concisa y recia) de tanto tropiezo, tanta improvisación, tanta falta de capacidad de gestión, tanto embrollo y tan poca capacidad resolutiva. Quién sabe…, ¿por qué, no? Pero de una u otra forma, o de cualquier manera, el gobierno no está ahí para aguantar lo que le echen, ni para esperar a verlas venir, por eso tiene que resolver en función de su responsabilidad, y si no supiera, o no fuera capaz, como dicen por ahí: “ahuecar el ala”, y dejar que labore otro, para evitar que la crisis, que no existía, se enquiste en nuestro forro y hayamos de llevarla de rémora como piojo en costura. (Niotomarco)

