…Y Juan, nuevamente va a inscribirse en el “paro”; después de habersele acabado el contrato de su septuagésimo trabajo (es auxiliar de enfermería; pero hasta ahora va ejerciendo de ayudante de reparto, de pinche, de llevapapeles, de recepcionista, de camillero sustituto…); llegado a la oficina del INEM, se coloca a la cola, previo haber cogido su boleto del turno; abre su periódico, que lleva gurrapateado en las hojas de ofertas de empleo y, ¡bingo!, descubre una noticia, cuando menos llamativa, al presidente saliente del Congreso le van a dar una indemnización del 80% de lo que cobraba como tal, durante dos años, más coche oficial, más escolta;…¡jope!, se dice, ya podía haber sido yo el presidente, ¡qué chorrada!; … y, yo, aquí lampeando cola, viviendo a casa de mis viejos, sin un duro en el bolsillo; porque ni gano para ahorrar, ni puedo…; y dependiendo del convenio que mis contratantes me quieren adjudicar… No, si al final va a tener razón mi último jefe cuándo dice: “Juan, siempre ha habido y habrá ricos y pobres, y a ti por ahora te ha tocado en los segundos… Pero no desanimes, siempre hay que mirar para atrás, que los hay peores que tú…” Y, Juán, se dice para sus adentros: “¡ y tanto!…”
…Pero recapacita y… Aunque, eso no lo he preguntado yo, ¿es que nos corresponderá a todos los trabajadores ( pués el presidente del congreso, es como yo, un trabajador asalariado) cuando dejamos un trabajo y a mi no me han informado?… Y encima, yo, al paro, y él a su puesto anterior que bien guardado se lo tienen, … y, fácilmente con uno como yo, un sustituto, que a buen seguro seguirá mis pasos… al paro…(Nitomarco).

