¿Un Nobel de la Paz inmerecido? No tanto

Es cierto que todavía no ha hecho nada, que gran parte de sus políticas son meras intenciones y que hace sólo unos meses que ha llegado a la presidencia de la primera potencia mundial. Pero es precisamente su forma de aterrizar la que le ha valido a Barack Obama el importante galardón que supone el Premio Nobel de la Paz “por estimular el desarme nuclear, sus extraordinarios esfuerzos por reforzar la diplomacia internacional y la cooperación entre pueblos”. En un mundo y un país, el suyo, en el que primaba el tono apocalíptico en los discursos del anterior inquilino de la Casa Blanca su programa ha supuesto un soplo de aire fresco que ha contagiado y llenado de esperanza a decenas de millones de personas hastiadas de la falta de sentido común de sus dirigentes. Tiene mucho por hacer, sin duda, pero con esto el Comité Nobel Noruego da una espaldarazo a su figura sumándose a su causa. Ojalá entre todos lo consigamos.

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