
Estoy a favor del progreso de la humanidad y de la utilización de medios para lograr el progreso de la humanidad tanto como el que más. Celebro la llegada de cada adelanto técnico que ha permitido que un solo hombre no sea explotado o ponga su salud o vida en peligro. Pero creo que una cosa es usar las máquinas para ganar calidad de vida y otra muy distinta que se impongan sistemas que no sólo acaban con puestos de trabajo sino que además terminan con la función de servicio de ciertos negocios y vulneran los derechos del usuario.
Las gasolineras de autoservicio son uno de ellos. Y no me opongo a que se utilice este sistema para, por ejemplo, poder echar gasolina a cualquier hora. Vale, de acuerdo. ¿Pero por qué durante todo el día?
Todo empleo es servil. TODO. Al fin y al cabo, se trabaja para recibir una contraprestación, sea económica, social o personal en forma de satisfacción. Unos lo hacen de cara al público, otros en una cadena de producción y algunos en una oficina consiguiendo resultados. Pero decir que la atención al público es servilismo es un gran ejercicio de demagogia.
Atención al público. Qué gran frase y qué devaluada. Durante años se ha pensado que servir era una especie de rebaja con respecto al prójimo. Un error. Para su ejercicio son necesarias una serie de facultades físicas e intelectuales que muchas veces rozan lo artístico. ¿No lo es la psicología de un barman que te da conversación en un día solitario? ¿O la capacidad de un metre para ayudarte a elegir el mejor plato? ¿Y la asistenta que sabe perfectamente dónde quieres la raya al planchar los pantalones?
Hay en Amsterdam un pub sin camareros. Tiene una barra, sillas, mesas, música, pero no camareros. Tú entras con tus amigos y sacas la cerveza o el gin-tonic de una máquina expendedora. Adiós al “agitado pero no revuelto”, a “¿os tomáis la última? Invita la casa”, al contacto visual, la complicidad. Yo, desde luego, no iría.
Columnista, miembro de esta comunidad, me dio la idea con su artículo de hacer una gran lista de gasolineras que no son de autoservicio. Porque yo prefiero las estaciones a la vieja usanza: con el trato personalizado, su “buenos días, ¿cuánto le pongo?”, el no bajarte del coche porque no te apetece, el “que tenga usted un buen viaje” y sus moneditas de propina.
De momento ya tenemos propuestas desde varias comunidades autónomas (pon la tuya aquí) y medio centenar de personas en nuestro grupo de Facebook (accede aquí). Quizás sea el primer paso para hacer una gran lista de negocios donde progreso no es aplastamiento del empleo en busca del máximo beneficio y en los que se respeta el equilibrio que debe haber en toda sociedad.

