Bueno, bueno, bueno… he dormido estupendamente, desayunado tostadas con aceite, zumo de naranja y café oscurito con poca leche. Y sacarina, por esto de que la cintura sumó 3 cm a costa de los croissants mañaneros y no hay otra que empezar a controlar desde ya, o a ver cómo voy a hacer para entrar en el traje de Nochevieja del año pasado, porque ya me lo gasté todo en zapatos y lo que queda no da p’a más trapos ni aditamentos. Y como además el trajecito es negro y adelgaza, con unas perlas (esas, las heredadas de la abuela) a lo Jackie Kennedy 60’s, actualizadas a Mrs Obama 08’s, voy a ir in de lo más in… esto es tema resuelto pues… y respecto a la intendencia y el cómo llenar el saco de papa Nöel con regalos certificados con las 3B (bueno, bonito, barato), ya nos ocuparemos cuando estemos más cerca…
Ese “bueno, bueno, bueno” no iba por nada de esto, sino porque al bienestar que sentía mientras estaba desayunando se sumó la placentera sensación de saberme sentada. En una silla cómoda, alta, allá encumbrada al lado de ese Sarkozy que a veces me parece tal cual cruzado del siglo XXI´, devolviendo a lomos de su jet-caballo a esas damas españolas azafatas de las que el señor de nuestros feudos se olvidó porque andaba en su particular ensoñar por las marismas de Doñana; sí, esas mismas en las crea sueños de luces y colores que le transmiten maravillosas imágenes de ríos de euros deslizándose por estas tierras ibéricas convertidas en el envidiar de los galos y muchos más, que contemplan sentados desde sus sillas de siempre el fluir de este poderío nuestro, y embobados ante tamaña riqueza fluvial no pueden menos que exclamar, respetuosamente maravillados: “tanto estar de pie al timón de tanta flota, debes estar agotado ¿quieres una silla, y encumbrarte un rato?. Tengo dos, vecino, y Carla me dijo que prefiere ir al gimnasio, que por tal de no oírte seguir lloriqueando, ella ya quedó con Obama/ Bush en que ya cenaremos otro día con ellos, en petite comité… venga, no hay problema, siéntate un rato“.
E imaginé esa silla, hermosa, cómoda, con águilas, cetro y corona y tapizado rojogualda… y el café me supo a gloria, y me sentí orgullosa ante la sensación de respeto, de ofrenda generosa sin que nosotros hayamos pedido nunca nada… me sentí grande, y necesaria, y requerida, y reconocida, y reclamada y sentada por derecho y por respeto, y porque todos así lo quieren y lo tienen sobradamente claro. Y no pude menos que exclamar ese “bueno, bueno, bueno” pero que riquísimo está este café y que comodísima y a gusto y orgullosa que me siento sentada en esta silla tan preciosa y que tan merecidamente me he ganado…
que los sueños, sueños son y todos cumplirse pueden cuándo se hace por lograrlos… y cuánto y cómo curré, no puedo ni enumerarlo ¡cientos de findes pasé en Doñana, ensoñando…!
© Sarah.

