¿Tiene sentido mantener los privilegios de los comerciantes chinos?

¿Tiene sentido que los chinos sigan compitiendo con ventaja cuando hay 5 millones de parados?

No se puede negar que el éxito de los comerciantes chinos se debe en buena parte a su astucia y a su capacidad de trabajo. Pero tampoco se puede negar que no habrían conseguido lo que han conseguido en España si no hubieran jugado con ventaja.

El problema no está solamente en los miles de comercios que han tenido que cerrar por esa competencia desleal. El problema es que muchos fabricantes han tenido que cerrar también, porque ya no tienen comercios donde colocar sus productos. Productos que, por cierto, son de calidad netamente superior a la de los productos chinos.

A los comerciantes chinos no solo se les ha eximido de pagar impuestos. Se han pasado por alto las numerosísimas irregularidades detectadas: alimentos envenenados, zapatos que provocan enfermedades cutáneas, juguetes que ponen en peligro la vida de los niños, venta de alcohol a menores de edad a cualquier hora del día, prostíbulos disfrazados de peluquerías, y, en fin, venta de productos defectuosos, no sometidos al control de calidad por el que deben pasar los productos españoles.

¿Acaso les debemos algo? ¿Qué han hecho ellos por nosotros? Nuestra actitud no es generosidad. Es una trágica injusticia.