China: represión en casa y propaganda fuera. Publicado en ACEPRENSA

M. Ángeles Burguera
Fecha: 25 Abril 2011

En las últimas semanas se ha recrudecido la campaña de las autoridades
chinas contra los disidentes. A las medidas de censura habituales, que
limitan la libertad de expresión y de información, se han sumado actuaciones
contra las confesiones religiosas y otras detenciones de artistas e
intelectuales que han levantado protestas en Occidente. Pero a la creciente
represión que el gobierno chino desarrolla en su propio territorio se une
ahora otro elemento de distorsión: un ambicioso plan del Gobierno destinará
más de siete mil millones de dólares a propaganda mundial a través de su
agencia internacional de noticias y del refuerzo de sus servicios
informativos en inglés.

Los observadores internacionales comparan esta nueva campaña con algunos
momentos de la revolución cultural y observan con desesperanza cómo se
esfuman las promesas de cambio, que, alentadas casi en solitario por el
primer ministro Wen Jiabao, parecen cada vez más lejanas. En un discurso
difundido la semana pasada el mandatario pedía otra vez al Partido Comunista
“profundizar en las reformas políticas y económicas”, con referencias a la
libertad de expresión y a la moralidad. Las palabras de Jiabao ­adalid de
los cambios sociales en su propio partido­ no coinciden con la actitud
mayoritaria en el PC chino que sigue apoyando las detenciones de disidentes,
como medida disuasoria ante un posible contagio de las revueltas que se han
producido en Oriente Medio.

La necesidad de respetar los derechos humanos en territorio chino será el
tema principal de unas conversaciones que se celebrarán a finales de esta
semana en Pekín entre Estados Unidos y China, después de un cruce de
informes entre ambos países con acusaciones mutuas de incumplimientos y
violaciones. Desde el lado americano ya se ha explicado que se pretende
poner fin a las detenciones ilegales, desapariciones y arrestos de
intelectuales, y buscar los modos de recuperar la libertad de expresión, de
culto, y los derechos de las minorías. Otras instituciones, como la Iglesia
católica, también han pedido abiertamente un cambio de dirección, tras las
graves intromisiones de los pasados meses de noviembre y diciembre, que
llevaron a la ordenación sin aprobación pontificia de un nuevo obispo y a la
convocatoria de una Asamblea de Representantes a la que fueron obligados a
asistir decenas de obispos bajo presiones e intimidaciones.

La agencia Asia News ya consideró ambos hechos como una demostración de
fuerza similar a la de “los tiempos de la revolución cultural”, cuando el
régimen maoísta retiraba de la escena a los artistas y escritores que no se
identificaban con la ideología oficial. Lo mismo ha sucedido a otras
confesiones religiosas recientemente, como la iglesia protestante Shouwang
en Pekín, o a las agrupaciones de fieles cristianos de la provincia de
Guangdong.

Guerra de información

Pero el Gobierno chino cuenta con buenas armas para maquillar su imagen
exterior. Los cuantiosos fondos económicos destinados a propaganda le
permitirán contar con un edificio nuevo en el corazón de Nueva York ­Times
Square- donde trabajará su agencia de noticias Xinhua, según informaba
recientemente The Wall Street Journal. También se prepara la apertura de un
canal de información 24 horas, con programación en inglés, así como el
refuerzo de las emisiones de la cadena oficial CCTV en territorio americano,
a través del cable.

La escalada en la guerra de propaganda desde China coincide con las horas
más bajas para los servicios informativos oficiales de Estados Unidos
dirigidos al público internacional. Los cortes presupuestarios de hasta ocho
mil millones de dólares hacen temer por algunas emisiones de la Voz de
América (VOA) que cuenta con amplia audiencia en China continental. En
contraste con los planes expansivos de Pekín, VOA se plantea eliminar toda
su programación en cantonés ­lo que afectaría a unos 60 millones de oyentes
del sur de China­ y reducir a la mitad su equipo de reporteros en mandarín.
Hillary Clinton, secretaria de Estado americana, reconocía el mes pasado en
el congreso estar en “una guerra de información con China, una guerra que
estamos perdiendo”.

La reducción de las emisiones de la radio oficial americana pretende
paliarse con el uso de las páginas de internet, que actualmente cuentan con
un gran número de visitantes. La página oficial de VOA incluye además
enlaces que permiten eludir los controles gubernamentales, por lo que más de
un millón de chinos la utilizan mensualmente como plataforma para navegar
libremente. De todos modos, la reducción de los equipos de periodistas que
cubren la información en mandarín afectará tanto a la radio como a las
páginas oficiales americanas, por lo que siguen las demandas de recuperar
terreno en la guerra de propaganda: “el pueblo chino es nuestro gran aliado
y el libre flujo de información nuestra mayor arma”, señalaba la congresista
republicana Dana Rohrabacher.