No entiendo nada. De repente, todo el mundo está revolucionado porque Benedicto XVI ha dicho que entiende que en algunos casos se recurra al preservativo como modo de evitar la transmisión de ciertas enfermedades. “El primer papa que admite el uso de preservativos”, “La ONU se congratula porque la Iglesia Católica por fin muestra sensibilidad ante el problema del sida”.
No entiendo absolutamente nada. Creo que la primera vez que escuché que la Iglesia Católica estaba de acuerdo con que en determinadas circunstancias se recurriera al preservativo fue en 1992.
Lo que siempre ha dicho y sigue diciendo la Iglesia Católica es que las campañas de prevención no deben basarse en regalar preservativos a los adolescentes. ¿Por cuestión de principios? Sí, pero, sobre todo, porque está más que demostrado que esas campañas son contraproducentes y que, además de no evitar el contagio, provocan muchos efectos colaterales: aumento de embarazos indeseados, aborto, etcétera.
Se entiende que las masas vociferantes y analfabetas, astutamente dirigidas por numerosos medios de comunicación anticatólicos, hayan estado confundidas y hayan pensado durante estos años que la Iglesia Católica rechazaba el condón en todos los casos. Pero que la ONU piense que lo que ha dicho Benedicto XVI es algo nuevo me parece increíble.
Lo que debería hacer la ONU es reconocer que el único país africano en que se ha conseguido frenar el contagio del sida -Uganda- es el único país que ha tenido una política de prevención que coincide con los principios defendidos por la Iglesia Católica desde principios de la década de 1990.

