Don Leocadio ha estado a punto de pisar a la langosta que, cansada de no encontrar a su pareja, ha decidido irse a buscar fortuna al parque Miraflores. Gracias al Cielo, el bueno de Don Leocadio no ha segado la vida de la langosta. Quién sabe qué aventuras le esperan al infeliz insecto al otro
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Archivado en junio, 2006
A la altura del asfalto
Hablarán las piedras
Las mujeres de bronce de las fuentes -esculturas sí, pero mujeres al fin y al cabo- no dejan de hablarse en la fuente que da nombre al barrio. Don Leocadio lo sabe y, a veces, pasea por ahí y charla con ellas. Se dice que anda enamorado de la que está sentada. Se dice
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