No sólo tienen el rostro de metal,sino también el corazón.Los individuos que nos están amargando el trabajo, con sus cortes de tráfico y sus quemas de contenedores, no tienen perdón.Su comportamiento es tan violento que obligan a la policía antidisturbios a cargar contra ellos,como si de unos proetarras cualquiera se tratase.
Y lo peor de todo es que no están reconocidos como terroristas,sino que ellos se creen con todo el derecho a armar la marimorena por la ciudad y, de hecho,sus acciones quedan impunes.
Menos mal que aquellos señores de Sárdoma que se manifestaban contra el PXOM lo hacían pacíficamente, o los pobres sufridores de la depuradora del Lagares.Imagínense que todos los colectivos que se quieran manifestar por lo que sea, lo hagan como los individuos del metal,a lo bestia,pasándose por el forro los derechos de los demás ciudadanos.
Son ustedes unos insolidarios que,encima de tener un trabajo en un país de cuatro millones de parados,piden subidas desorbitadas de sueldo.Hay casi dos millones de personas que ya no tienen ni paro,que tienen que ir a los comedores sociales porque no pueden alimentar a su familia,y ustedes de comandita por la calle con el sindicalista de turno.
Y es que todavía no comprendemos que los señores sindicalistas son una raza aparte que no se gana el sueldo y que cobra por agitar y meter cizaña.Si en lugar de recibir subvenciones millonarias de Zeta Pe para estar calladitos y atacar a los empresarios,tuvieran que subsistir con las cuotas de los afiliados otro gallo cantaría.Y ahí me gustaría estar a mi para verlo.


