Hombre rico, hombre pobre

Testigos del tiempo…

Este es el juego político y democrático

En el que participamos todos...

 

 

El juicio del 11-M (el mayor atentado cometido en España a través
de su historia, 11-03-2004) se celebrará como Dios manda, faltaría más. Existen
dudas razonables, existen incertidumbres, existen pruebas que, a ciencia cierta,
demostrarán quiénes  fueron realmente los autores materiales de aquella tremenda
masacre, así como los inductores de la última. Existen los jueces en España, y
son profesionales e imparciales, ya que–por parte del poder Judicial–están
tratando de mantenerlos independientes del poder Ejecutivo–como así debe de
ser–, en  nuestra democrática y abierta nación. Es decir, que los profesionales
de la judicatura tratan por todos los medios, habidos y por haber, que los
presuntamente implicados en este atentando–inolvidable y espantoso–sean
procesados y condenados dentro del marco de la ley.

 

 

En nuestra joven democracia–ambiciosa democracia, diría yo–mmuchas
personas que creímos importantes (Mariano Conde, Javier de la
Rosa…),integrantes de las Fuerzas y Cuerpo de Seguridad del Estado(
Planchuelo, Amedo, Roldan…), políticos ( Barrionuevo, Vera,
Sancristobal…),funcionarios, han ingresado en los centros penitenciarios en
virtud de mandamientos de prisión dictados por distintos jueces y magistrados
que, con la ley en la mano–Código Penal y jurisprudencia adjunta–, y no con la
ley del silencio, nos han demostrado a todos los ciudadanos a dónde van a parar
aquellas personas que han vivido o viven al margen de la ley.

 

 

El poder de la política también se mueve sobre parámetros amparados
en el secreto. Hemos observado en nuestra querida España que cuando los
políticos han deseado declarar ante los jueces, está claro que lo han hecho
cuando no tenían nada que decir. Pero no creo que éste sea el caso del 11-M. Y
en el mismo saco meto al PSOE y al PP. 

 

 

Quizá el PP este pecando un tanto de ingenuidad, porque sus
dirigentes desean que se les cuente la verdad, pero la verdad que ansían oír, no
la verdadera. Quizá Mariano Rajoy fue un tanto más explicito cuando declaró: “Lo
que queremos es saber la verdad y qué se investigue”. España esperaba más del
jefe de la Oposición. Ese Mariano Rajo sensato, inteligente (porque lo es), de
fácil palabra y buena dicción, con pensamiento propio e ideas razonables para
compartirlas– en la medida de lo posible –, con el presidente Rodríguez Zapatero
(entandamos: no todo lo que está haciendo el jefe del Ejecutivo es malo).Pero el
equipo que le rodea es pésimo, mal escogido. Salvemos al ministro de Hacienda:
Pedro Solbes Mira, está bien calificado para el puesto que desempeña; mas el
señor Montesinos Cuyaubé, ministro de Asuntos Exteriores, hace tiempo que se
encuentra “a la luna de Valencia”.

 

 

Sin embargo, PSOE y PP podían y debían gobernar España
conjuntamente en lo fundamental: terrorismo islámico, terrorismo español,
inmigración, educación…Y esto lo que estamos deseando todos los españoles,
cualesquiera que sea nuestra opción política, que cambia con los modos de
gobernar de aquellos que desempeñan el poder adquirido–mediante los votos
correspondientes–. Pero no está ocurriendo así, porque  no es Mariano Rajoy
dueño de su persona. Esta tremendamente influenciado por el señor Aznar, el
señor Acebes, el señor Zaplana, y, como no, por el Opus Dei. Esta Prelatura
siempre estuvo y está donde exista poder y dinero, dinero y poder. Los asuntos
de Dios brillan por su ausencia. ¡No es santo de mi devoción el Opus Dei!

 

 

Para una gran parte de nosotros–los lectores, el pueblo llano y
soberano–, el periodismo de investigación está constituyendo una especie de
balanza de control frente a los abusos del poder. Y es que los medios de
comunicación se han tenido que encargar últimamente del trabajo ingrato, diría
yo: denunciar con pruebas fehacientes supuestos delitos de corrupción, para que
los tribunales de justicia obren en consecuencia. Uno piensa que los
periodistas–investigadores–no están en posesión del don de la inefabilidad, pero
rectifican cuando se equivocan. De humanos es el equivocarse.

 

 

Prueba de lo anterior lo constituyó el caso GAL, habiendo
intervenido en su resolución “Diario 16” y “El Mundo”. Periodistas como Melchor
Miralles  y Ricardo Arques fueron los hábiles investigadores que descubrieron el
peligroso hecho delictivo llevado a cabo por los “Grupos Antiterroristas de
Liberación”. Está organización fue acusada de practicar terrorismo de Estado, y
fue financiada por el Ministerio del Interior español, cuando a la postre era
presidente del Gobierno, el señor Felipe González. Al presidente del Ejecutivo
no se le pudo demostrar su participación en los hechos acaecidos. Pero, a raíz
de los mismos, el PSOE perdió las elecciones en las urnas. El periodismo de
investigación sentó un precedente en nuestra actual Historia de España, con
brillantez, con tesón, con profesionalidad y dedicación,  buscando la verdad por
muy dura que ella fuese.

 

 

También desea uno recordar el escándalo “Watergate”, en el que dos
periodistas Bob Woodward y Carlo Bernstein–pertenecientes al Washington Post–,
investigaron y resolvieron  un urdido y complejo enredo que señalaba e implicaba
a la “Casa Blanca”. Como consecuencia de lo anterior, y el día 8 de agosto de
1974, el entonces presidente, señor Nixon, tuvo que presentar su renuncia a la
presidencia, como implicado en el aludido escándalo.

 

 

Es bueno que existan una serie de periodistas–pertenecientes a El
País, ABC, El Mundo, La COPE, La SER…) –, que se dediquen a esclarecer e
investigar un sumario, asuntos que –a no dudar–no están claros respecto al 11-M,
pero nunca desde la descalificación, desde el insulto, desde la ofensa… sin
pruebas por el momento. A continuación de esto, se dice, se insinúa…que el
PSOE fue quien puso las bombas, que los jueces prevarican, que la policía miró
hacia otro lado…Todo esto–sin pruebas fehacientes y concretas –, que están
tratando de ir con contra el sistema, contra el sistema democrático español,
contra España misma, y, desde luego, entendámoslo bien: al PSOE se le puede
tratar de vencer–ya se ha demostrado que es vulnerable como cualquier partido
político–, pero nunca, a secas, sino desde la urnas con los votos de todos los
españoles. Este es el juego político y democrático.

La Coruña, 23 de septiembre de 2006

Copyright Mariano Cabrero Bárcena